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Es importante aterrizar con palabras claras y versos contundentes la realidad que nos rodea, el dominio de la razón contra la falta de cordura, la necesidad de un piso firme para caminar y una cama suave para soñar. La falta de imaginación o en su defecto los destellos de bosquejos mentales que se contaminan constantemente con el ruido de la ciudad y la carga de problemas que sujetan nuestras expectativas con cadenas y candados al suelo.

No queda nada más que caminar entre la gente surcando laberintos complejos de una ciudad que se corrompe a sí misma en medio de la nada. No queda más que aceptar el juego y divertirse según los expertos, aquellos que dirigen la mayor parte de la orquesta.

En otras palabras, estamos acostumbrándonos a sobrevivir, sobre llevar, sobre ponernos, sobre… curioso, muy curioso que aún cuando estamos anteponiendo la palabra “sobre” –que en síntesis significa “por encima de” a todos los verbos que utilizamos como acción en la vida cotidiana, vivamos muy por debajo de nuestras propias expectativas.

¿Qué sucede entonces con nuestros sueños? La respuesta correcta a esta pregunta debiera ser: “Son vividos”. Sin embargo, lo más cercano a vivir un sueño en la realidad que presenciamos son los “sueños vivenciales” que se alejan mucho del hecho de que seamos capaces de convertir una meta en un objetivo y, en consecuencia, en una realidad.

Entendamos pues (por si pareciera que hemos salido del tema central) que la única manera de sustituir la realidad habitual por la soñada es transformando la segunda en un objetivo. Cuando el hombre sabía vivir… bueno, si en algún momento lo ha logrado, conocía el camino hacia la felicidad. Ellos pensaban –o hubieran pensado- que para conseguir lo que deseamos hay que luchar por ello. El problema es que hoy por hoy tenemos muchos más enemigos que combatir, guerreros mortales como la desidia, la apatía, el conformismo, los miedos y la sumisión sin dejar de tomar en cuenta los problemas “ajenos”, tales como la injusticia, la desigualdad, las deudas, la economía en general, los problemas con los vecinos, amigos, la pareja, la familia, conflictos internos, la limpieza del hogar, la alimentación ¡Basta!…

Regresemos un poco en lo ya expuesto sumando la última anotación. Imaginemos a un hombre, caminando en la calle, luchando con sus conflictos internos y debatiendo contra su propia razón. Engañando a sus emociones y/o jugando con ellas. Olvidando sus sentidos pero preocupándose por su apariencia. Descuidando su salud, alejándose de sí mismo. Avanzando en medio de un mar de desconocidos que luchan, a su vez, contra ellos mismos. Ahora imaginemos a todos ellos, como un grupo, defendiéndose entre un océano de comunidades que esperan absorber o devorar a los que son “inferiores a ellos”.

Ahora imaginemos a un hombre que intenta sobreponerse a la voluntad semi-divina de los grandes mandos y en un acto revolucionario –casi rebelde- se sale de las filas para sentarse en una banca a leer. En un principio seguramente mira el libro para entender de qué se trata. Después desliza sus dedos sobre la pasta esperando a que una ventana de Windows aparezca y lo guíe a través del mundo de la tecnología. Cuando se percata de que esto no sucede cree, por un instante, que aquel aparato se ha quedado sin pila; sin embargo, cuando está a punto de darse por vencido el libro se abre y la brisa que produce el baile de las hojas deslizándose de par en par, de pasta a pasta; y el polvo que en partículas minuciosas ha guardado vestigios del agradable olor de aquel estante de madera lo envuelven y lo atrapan (literal, lo atrapan).

Ahora bien (O más o menos bien –o no tan mal-) ¿Cómo un libro puede atrapar a una persona?… Parece un tanto ilógica esta propuesta pero no hay de que preocuparse, solamente hay que recurrir a nuestras memorias y seguro entenderán que un libro puede atrapar a una persona lo mismo que una computadora atrapa por horas, días y vidas a toda una comunidad.

La única diferencia es que el hombre que ha sido devorado por las hojas viejas del libro de cultura (que aunque no parezca posible existe realmente) ahora se adentra en un mundo diferente, uno sin problemas más no carente de conflictos y emociones. Un mundo donde las corrientes se emplean para construir y no para causar caos. Un lugar donde la realidad puede superar las expectativas, un sitio donde podemos vivir “sobre” nuestras propias metas. Un espacio, un punto ciego de la humanidad. El Mundo de las ideas.

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