Cine

Cine para chuparse los dedos

Un cine sin palomitas es como un verano sin calor, como un sábado sin domingo. Hoy en día, en la mayoría de los cines se puede encontrar prácticamente de todo para comer, desde nachos con queso hasta dulces o cualquier bebida.

En el pasado quedan ya las simples opciones de palomitas y refresco; como se ofertaban en el primer mensaje de publicidad subliminal de la historia.

La comida y el cine han ido ligadas de uno u otro modo, bien porque la temática de la película es gastronómica (‘Ratatouille’, ‘SuperSize Me’, ‘Julie & Julia’…), o bien  porque se le hace referencia en alguna escena en especial.

Seguro que si nos pusiéramos a hacer memoria nos acordaríamos de más de una película por el simple hecho de asociarla a un momento que nos llamó en particular la atención, al recordar a los protagonistas participando en algún tipo de banquete.

Como en ésta, por ejemplo, en la que, con apenas unos segundos de video, la mayoría de ustedes sabrán por qué se tambalea tanto la gelatina:

O en este otro ejemplo, el cual nos hizo dudar de si salir de Matrix era realmente lo adecuado:

Sin duda, la comida puede jugar un papel muy determinante en el desarrollo de la historia, o quedar como una mera anécdota que ayude al espectador a reconocer la obra, o incluso a asociarse de alguna manera con los personajes de ésta. Por ejemplo, asociándose a las Tortugas Ninja con la pizza, o a Hannibal Lecter con… bueno, con lo que sea que al doctor Lecter se le antoje…

Uno de los directores que mejor y más usa esta técnica de asociación personajes-comida es Quentin Tarantino. Desde el desayuno de los Reservoir Dogs, hasta la cena que comparte Django con el señor Candie, el cine de Tarantino siempre se ha caracterizado por esos momentos tranquilos de ‘humanización’ de sus personajes más sanguinarios.

La comida siempre suele tener un papel secundario dentro de la obra, pero con una idea y propósito determinado, que no es otro que el de recordar que los protagonistas no dejan de tener emociones y necesidades como cualquier persona, identificándose así de alguna manera con el espectador.

Otras, participa directamente en la historia, y provoca una reacción totalmente contraria, como en esta genial escena de  ‘Buenos Muchachos’, donde una situación tan normal como una cena en familia se convierte en algo totalmente inusual al celebrarse en… la cárcel.

Sea cual sea el propósito, la comida siempre encuentra un huequito para colarse de un modo u otro en una historia y transformarla, aunque sea por un corto periodo de tiempo, para que nosotros, los espectadores, disfrutemos de ésta de una manera más personal.

¿Qué más escenas míticas con comida recuerdan? ¿La sensualidad de Kim Bassinger en ‘9 Semanas y Media’, o el insuperable Charlie Chaplin comiendo botas?

Sea cual sea, no dejen de comentar y valorar el post, y, por favor si no han ordenado por PedidosYa, recojan todo antes de irse 😉

Escrito por: Javier Sanchez

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